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Alrededor del 80% de las empresas de Capellanías en Cáceres están cerradas

Una de las que tienen más actividad es Bidafarma, que surte a todas las farmacias de la provincia de Cáceres

«Como somos un pilar básico en las necesidades de los ciudadanos, no podemos cesar en nuestra actividad», asegura Gonzalo Sesma Montero, gerente de la cooperativa farmacéutica Bidafarma, que desde sus instalaciones en el Polígono de las Capellanías de Cáceres aprovisiona de medicamentos a todas las farmacias de la provincia. «Al principio del estado de alarma hubo una subida en los pedidos de entre el 25 y el 30%, ahora la situación se ha tranquilizado un poco» afirma.

Son alrededor de 35 los empleados que están en Bidafarma. Han tenido que adaptarse al aumento del trabajo en el almacén, de modo que ha pasado a trabajar allí personal del departamento comercial al haber disminuido sus tareas. Al preguntarle sobre cuándo habrá mascarillas en las farmacias, Gonzalo Sesma es claro: «Todo el material sanitario para la prevención del coronavirus está, por real decreto, intervenido por las autoridades sanitarias».

En Bidafarma, un empleado fumiga el almacén, en donde todo el personal utiliza mascarilla. Todos, antes de entrar a trabajar, son sometidos al control del termómetro para comprobar que no tienen fiebre.

Cerca de esta empresa, también en Capellanías, está Catelsa, en donde un miembro de seguridad abre el portalón a un trabajador que entra con su coche a las dependencias de la que puede ser la industria con más empleados de este polígono. El trabajador baja su ventanilla, y el de seguridad apoya un medidor de temperatura en su frente. «Parece que me vas a pegar un tiro en la cabeza» dice sonriendo el trabajador mientras le dejan ir a su puesto al no tener fiebre. En Catelsa tampoco falta el trabajo, teniendo que suplir, los que están, a unos seis compañeros de Arroyo de la Luz, que iban y venían todos los días de su pueblo a la empresa. Ahora están confinados en Arroyo de la Luz; no pueden salir del pueblo extremeño más castigado por la pandemia.

Hay actividad en Catelsa y Bidafarma, pero son de las pocas empresas ubicadas en el Polígono Industrial de las Capellanías que están abiertas. Alrededor del 80% están cerradas. «Esto ya no es lo que era», dice la única persona que está esperando en una parada del autobús. Es una vigilante de seguridad que ha terminado su trabajo y se va derecha a su casa.

Están abiertas las empresas de paquetería, como Seur y DHL, que han visto aumentar su trabajo con el confinamiento de los cacereños. Hay empresas que se nota que están abiertas a medio gas, como Contiñas Neumáticos, Castro & Sánchez, Interlun S.L., Electrocash o Almacenes Norba.

Una de las compañías cerradas es una de las más cacereñas que hay en el Polígono, la de Frutos Secos Y Golosinas Sánchez Cortes S.L., que lleva décadas endulzando la vida a los cacereños. Allí se encuentra su propietario, Ángel Sánchez Cortés (Cáceres, 1942), que está dando de comer y de beber al gran mastín que está en la entrada.

Ángel se lamenta de que le obliguen a cerrar el almacén que tiene en Capellanías y también sus trece tiendas, siete de ellas en Cáceres. No comprende que no le dejen vender golosinas a él y que sí les dejen a grandes superficies comerciales, tiendas y multitiendas. Le preocupa el futuro de sus trabajadores y la gran cantidad de mercancía que tiene almacenada, sometida a una fecha de caducidad. «La verdad –dice–, no entiendo que no me dejen vender a mí y a otros sí; no piensan en mis 60 trabajadores, ni tampoco en los niños que encerrados en casa disfrutan de las golosinas».

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