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Extremadura necesita unas 250 familias para acoger a menores

Los casos que más preocupan son los de 42 niños que viven en centros y tienen entre cero y siete años

Los que tienen más de 16 no suelen querer pasar por este proceso. «Muchas veces las familias no se atreven a acoger a adolescentes o a niños con necesidades especiales. Lo que necesitamos son familias dispuestas a ayudar», apunta Guadalupe Llera, jefa de servicio de Protección y Atención a la Infancia.

Ella especifica que la Junta tiene la custodia de más de 600 menores desprotegidos. De ellos, 367 viven en alguno de los espacios con los que cuenta la Administración. Son el Francisco Pizarro en Trujillo, el Isabel de Moctezuma en Caminomorisco, el Jardín del Sauce en Cáceres, el Pedro de Valdivia en Villanueva de la Serena, el Antonio Machado de Mérida, el San Juan Bautista en Badajoz y el Ana Bolaños en Olivenza. El centro de menores de Valcorchero, ubicado frente al Hospital Virgen del Puerto de Plasencia, ha dejado de funcionar este año para convertirse en el primer recurso regional destinado a menores con trastornos de la conducta, lo que la Administración autonómica ha denominado CE.RE.ZA (Centro Residencial Zagal). En este momento se está formando a los profesionales.

A ellos se suman los ocho hogares tutelados repartidos por Badajoz, Mérida y Cáceres. En cada uno de ellos hay seis plazas para menores que tienen entre seis y 18 años. «No viven en una gran institución como los centros de acogida, sino que son recursos que se parecen más a una familia», aclara Guadalupe.

También alude a los seis pisos semiautónomos que están en Mérida, Badajoz y Cáceres. Estos disponen de otras seis plazas cada uno para jóvenes de entre 16 y 18 años que ya están preparados para afrontar la vida adulta. En esos espacios hay menos educadores pendientes de ellos porque el objetivo es que tengan la máxima autonomía posible e incluso se vayan acercando al mercado laboral.

Respecto a los menores acogidos por familias en Extremadura, hay un total de 245. La mayoría de ellos (223) están con familiares biológicos que no son sus padres. Solo son 22 los que conviven con lo que denomina la Administración una familia ajena, es decir, aquellas personas que de manera altruista quieren darle esta oportunidad a un niño.

«Continuamente estamos intentando captar ese tipo de familias. Hemos lanzado la campaña ‘Un hogar al alcance de su mano’, así como sesiones informativas en los centros de salud», comenta Guadalupe.

Los que tienen interés por participar deben superar entrevistas con responsables de los Servicios Sociales, que son los que valoran si la familia es apta para acoger.

«Sobre todo tienen que tener las ganas de cuidar a un niño como si fuera su propio hijo sin serlo. Además tienen que apoyar al menor para que siga vinculado a su familia biológica. El objetivo fundamental es la reintegración familiar. Si no pensáramos que puede volver con su familia optaríamos por la adopción, que es otra medida diferente», añade Llera.

Casos urgentes

Es la familia de acogida la que decide para qué está preparada. Hay casos urgentes, que incluyen a bebés de entre cero y seis meses y el tiempo máximo de acogimiento es de 180 días. Actualmente hay dos de ese tipo en la región. «Suelen ser bebés que han sido entregados voluntariamente. Ante eso la ley marca que el ingreso en un centro es una medida muy secundaria. Lo primero que se intenta es la acogida», explica Llera.

Por su parte, los más numerosos son los permanentes, que supone atender al menor hasta los 18 años. En esta comunidad autónoma hay un total de 19. En el caso de los temporales, que se reducen a 24 meses, solo hay una familia acogiendo a un menor.

«Cada año se amplía el número de personas interesadas en acoger, pero necesitamos más. De hecho, hay nueve que ya están valoradas positivamente y pronto se les asignará un menor. En algunos casos la espera es más larga porque para el ofrecimiento que se muestran disponibles no hay menores en ese momento», afirma Guadalupe, quien asegura que el proceso para ser apto como familia acogedora dura como mucho seis meses. En ese tiempo tienen que superar una formación.

Dice que tanto la espera como el esfuerzo merece la pena. «Todas las familias nos confiesan que lo hicieron como un acto de solidaridad y siempre llegan a la conclusión de que el niño les ha dado mucho más de lo que ellos le pueden aportar. Es muy satisfactorio».

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