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«Me llaman para desahogarse afectados de Arroyo de la Luz y sus familiares todos los días»

El párroco del municipio con más casos de coronavirus en la región da misa por redes sociales y cada día cuelga vídeos para animar a sus vecinos

Juan Manuel García lleva dos décadas como párroco en Arroyo de la Luz, el municipio más afectado por coronavirus en la región. Allí está el brote que más preocupa al SES. Ya han muerto tres personas y se han registrado 35 casos.

Sus 5.800 vecinos llevan cinco días confinados en un pueblo en el que el acceso y las salidas los controlan agentes de la Guardia Civil. La Unidad de Emergencias Militares también está actuando en esta localidad desde ayer. «Nunca he vivido una situación tan difícil. Todo es más triste que antes, aunque hay que llevarlo con positividad. Por ejemplo, los entierros han cambiado. Recuerdo uno el pasado sábado en el que solo estaban cuatro familiares y todos con mascarillas», explica por teléfono.

Desde que empezó esta crisis sanitaria este cacereño no ha parado de subir vídeos a las redes sociales y mandar ánimos a los arroyanos. En su cuenta personal tiene más de 2.700 seguidores. En la última semana se han sumado unos 150. «Me llaman para desahogarse afectados por coronavirus y sus familiares todos los días. Hay matrimonios que en su casa están separados y no pueden verse, personas de 80 años con hijas que están fuera y que se reúnen para ver por videoconferencia la novena a la Virgen de la Luz que hago», cuenta Juan Manuel.

Sus misas las está oficiando a puerta cerrada y sin ninguna persona. Las graba todas y las emite luego en redes sociales. Además, con un micrófono de corbata y una cámara tiene suficiente para lanzar mensajes de ánimo. Él mismo edita los vídeos y si en el pueblo no le conocieran podría pasar perfectamente por un presentador de televisión.

Confiesa que homenajea hoy a Claudia P. B., la primera víctima mortal por coronavirus en Extremadura. «Resaltar la gran labor que hizo por el pueblo y la parroquia. Fue la que nos puso en alerta. Tras su fallecimiento se tomaron precauciones y eso ha salvado a muchos del contagio».

Sobre el miedo a enfermar también habla el párroco. «Soy un posible afectado porque hace dos fines de semana estuve comiendo con un grupo de 25 personas. Todavía no había muerto nadie en Arroyo y el pueblo estaba tranquilo. Tras el primer fallecimiento saltaron las alarmas y dos de las personas con las que compartí comida y que fueron a la excursión de Sevilla han dado positivo. Estuve unas cuatros horas con ellos y por el momento ninguno de los que estuvimos en ese encuentro tenemos síntomas», asegura después de leer emocionado uno de los últimos mensajes que ha recibido.

«Tras doce días con fiebre, te voy a dar una buena noticia. Me ha bajado y el sabor de boca tan asqueroso va desapareciendo. Te cuento esto para que tú no te vengas abajo. Eres un gran apoyo para los arroyanos. Los vamos a conseguir entre todos. Sigue como lo estás haciendo», le dice un vecino a Juan Manuel, que antes de colgar el teléfono, concluye: «Tenemos que estar mentalizados para aguantar porque esto se puede prolongar».

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